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Los Derechos Humanos
seres humanos vivamos dignamente en un entorno de libertad, justicia y paz. El derecho a la vida, a la libertad de expresión, a la libertad de opinión y de conciencia, a la educación, a la vivienda, a la participación política o de acceso a la información son algunos de ellos.
Los derechos humanos engloban derechos y obligaciones inherentes a todos los seres humanos que nadie, ni el más poderoso de los Gobiernos, tiene autoridad para negarnos. No hacen distinción de sexo, nacionalidad, lugar de residencia, origen nacional o étnico, color, religión, lengua, edad, partido político o condición social, cultural o económica. Son universales, indivisibles e interdependientes.
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en París en 1948, tras el tremendo impacto de la Segunda Guerra Mundial.
Los 30 artículos constituyen el marco de referencia al que deberían ajustarse las leyes y la acción política en todos los países. A pesar de que los Estados y la comunidad internacional deben garantizar el ejercicio de estos derechos, en muchos lugares del mundo se vulneran todos los días en la calle, en los hogares, en las cárceles, en los campos de refugiados, en las fábricas, en Internet.
30 derechos humanos fundamentales inquebrantables
Los 30 artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos incluyen los derechos básicos que toda persona debe disfrutar para tener una vida digna. Se dividen en:
condiciones de igualdad. Nadie (ni el Estado, ni una empresa, ni un grupo o una persona) puede privarnos de ellos. Nacemos libres e iguales en dignidad y derechos. Tenemos:
- Derecho a la vida. Todos los seres humanos tenemos derecho a vivir libres y con seguridad. Nadie tiene derecho a privar de vida a otra persona y, sin embargo, todavía hay países donde se practica la pena de muerte. En Amnistía trabajamos para poner fin a las ejecuciones y abolir la pena capital en todo el mundo y en toda circunstancia. Cuando comenzamos esta campaña en 1977, la pena capital estaba abolida solo en 16 países. Al terminar 2018, la habían abolido en la ley para todos los delitos 106 países, y más de dos tercios, 142 países la habían abolido en la ley o en la práctica.
- Derecho a no ser sometido ni sometida a esclavitud ni servidumbre. Hay Estados, empresas y grupos armados, entre otros agentes, que no lo respetan. Paul, de 14 años de edad y huérfano, empezó en la minería a los 12 y explicó al equipo de investigación de Amnistía que, debido al largo tiempo que pasaba bajo tierra, se encontraba siempre enfermo: “Pasaba 24 horas allí abajo, en los túneles. Llegaba por la mañana y me marchaba a la mañana siguiente [...] Tenía que hacer mis necesidades allí abajo [...]".
- Derecho a no recibir daños ni torturas. La tortura sigue siendo un método utilizado para aterrorizar y disuadir a personas de emprender acciones consideradas “amenazantes” por muchos gobiernos. Les ocurre a defensores y defensoras de derechos humanos, pero también a otras personas como Moses, un estudiante de Nigeria.
- Derecho a la no discriminación. Todo hombre, mujer, niño y niña tienen como derecho a estar libres de discriminación. En países como Rusia, Turquía, Moldavia, Croacia o Georgia las marchas del Orgullo LGBTI se celebran, pero sufriendo actos de violencia o son prohibidas, por lo que es necesario visibilizar la celebración de estas marchas como una victoria de la libertad de expresión frente a los intentos por censurarlas, así como una oportunidad para defender los derechos de un colectivo que a menudo sufre violencia y discriminación en su vida cotidiana. Todavía 69 países penalizan las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, 12 de ellos con la pena capital.
- Derecho a que nadie sea detenido arbitrariamente. En Amnistía luchamos para que esto no ocurra y que, si sucede, se haga justicia. Mkhaïtir fue detenido el 5 de enero de 2014 en Mauritania tras publicar un blog en el que hablaba de la esclavitud y la discriminación. A pesar de que el tribunal de apelación resolvió el 9 de noviembre de 2017 que debía ser liberado, las autoridades lo mantuvieron bajo custodia en un lugar no revelado, con acceso limitado a familiares y sin acceso a sus abogados. Mkhaïtir fue finalmente excarcelado el 29 de julio de 2019. Ninguna persona debería ser arbitrariamente detenida y acusada, y menos condenada a muerte, simplemente por ejercer de manera pacífica su derecho a la libertad de expresión.“Sin sus esfuerzos, mi liberación no habría sucedido. En cinco años bajo custodia sólo vi el sol en seis ocasiones. Han cambiado tantas cosas en estos cinco años que todavía estoy adaptándome a la vida fuera de la cárcel. Ahora soy libre, y espero poder volver a la escuela y reanudar mis estudios”, declaró Mkhaïtir tras salir de prisión.
- Derecho a la presunción de inocencia para evitar casos como los de Guantánamo donde todavía permanecen 40 personas recluidas desde hace una década o más sin cargos ni juicio. “Con un presidente que tiene la cruel y errónea convicción de que la tortura es aceptable, cabe suponer que las violaciones de derechos humanos continuarán en Guantánamo.
- Los traslados autorizados desde hace años deben realizarse de inmediato y el resto de los reclusos deben ser acusados y juzgados con imparcialidad o liberados para que la vergonzosa institución pueda cerrar definitivamente sus puertas”, declaró Daphne Eviatar, directora de Seguridad con Derechos Humanos de Amnistía Internacional Estados Unidos.
- Derecho a la privacidad. Algunos gobiernos espían todo lo que hacemos en Internet. Edward Snowden tuvo que huir de Estados Unidos tras hacer públicos los documentos que demuestran cómo las agencias de seguridad estatales utilizan la vigilancia masiva para recoger, almacenar y analizar en secreto las comunicaciones privadas de personas en todo el mundo. "La gente que analiza estos datos busca delicuentes", contó a Amnistía Internacional Snowden. "Podrías ser la persona más inocente del mundo, pero si alguien programado para ver patrones de delincuencia analiza tus datos, no va a encontrarte a ti, va a encontrar a un delincuente".
- Derecho a la libre circulación, a buscar asilo y a tener una nacionalidad. Actualmente hay más de 25,4 millones de personas refugiadas.Se trata de una crisis de envergadura mundial pero no tanto por la enorme cifra, sino por el lugar donde se encuentran estas personas: unos pocos países se ven obligados a hacer mucho más de lo que les corresponde, sencillamente, por su proximidad a zonas de crisis; mientras que otros, los más ricos, hacen poco o nada.
Ahmed H fue condenado injustamente por “complicidad en un acto de terrorismo” en un caso claro de aplicación indebida de la legislación antiterrorista húngara. Ahmed H estuvo recluido en un centro de detención para inmigrantes en Hungría hasta su liberación en septiembre de 2019. Las autoridades chipriotas recibieron miles de cartas y mensajes de correo electrónico de activistas de Amnistía Internacional exigiendo su liberación. “Doy las gracias a Amnistía Internacional por luchar por mis derechos. Todas las acciones que emprendió la gente, fueran grandes o pequeñas, para mí tuvieron una gran importancia porque ayudaron a mostrar la verdad”.
- Los traslados autorizados desde hace años deben realizarse de inmediato y el resto de los reclusos deben ser acusados y juzgados con imparcialidad o liberados para que la vergonzosa institución pueda cerrar definitivamente sus puertas”, declaró Daphne Eviatar, directora de Seguridad con Derechos Humanos de Amnistía Internacional Estados Unidos.
- Derecho a la privacidad. Algunos gobiernos espían todo lo que hacemos en Internet. Edward Snowden tuvo que huir de Estados Unidos tras hacer públicos los documentos que demuestran cómo las agencias de seguridad estatales utilizan la vigilancia masiva para recoger, almacenar y analizar en secreto las comunicaciones privadas de personas en todo el mundo. "La gente que analiza estos datos busca delicuentes", contó a Amnistía Internacional Snowden. "Podrías ser la persona más inocente del mundo, pero si alguien programado para ver patrones de delincuencia analiza tus datos, no va a encontrarte a ti, va a encontrar a un delincuente".
- Derecho a la libre circulación, a buscar asilo y a tener una nacionalidad. Actualmente hay más de 25,4 millones de personas refugiadas.Se trata de una crisis de envergadura mundial pero no tanto por la enorme cifra, sino por el lugar donde se encuentran estas personas: unos pocos países se ven obligados a hacer mucho más de lo que les corresponde, sencillamente, por su proximidad a zonas de crisis; mientras que otros, los más ricos, hacen poco o nada.
Ahmed H fue condenado injustamente por “complicidad en un acto de terrorismo” en un caso claro de aplicación indebida de la legislación antiterrorista húngara. Ahmed H estuvo recluido en un centro de detención para inmigrantes en Hungría hasta su liberación en septiembre de 2019. Las autoridades chipriotas recibieron miles de cartas y mensajes de correo electrónico de activistas de Amnistía Internacional exigiendo su liberación. “Doy las gracias a Amnistía Internacional por luchar por mis derechos. Todas las acciones que emprendió la gente, fueran grandes o pequeñas, para mí tuvieron una gran importancia porque ayudaron a mostrar la verdad”.
- Derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión, opinión y expresión. Expresar tu opinión de forma abierta, publicar en redes sociales, participar en manifestaciones, etc. debería ser un derecho para todos y todas. Pero en muchos países hay gente que va a la cárcel –o sufre algo peor– simplemente por hablar o manifestarse.
- Derecho a participar en la vida política. Tenemos derecho a votar o a formar parte del gobierno de nuestro país. Además, todos los votos deben de tener el mismo valor. Por eso en AI adoptamos el caso de Fred Bauma e Yves Makwambala. Dos presos de conciencia encarcelados por actuar en favor de la democracia. Gracias a las miles de firmas y a la presión internacional fueron puestos en libertad junto con otros dos activistas de su organización. Hasta su liberación, Fred e Yves estaban a la espera de ser juzgados en un proceso en el que podrían haber sido condenados a muerte.
Los derechos civiles y políticos tienen su expresión jurídica vinculante en diversos tratados internacionales, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP). El Comité de Derechos Humanos de la ONU vela porque se cumplan las disposiciones de este pacto.
enfermedad o no tener empleo), tenemos derecho a recibir protección social. Son sólo dos ejemplos de los derechos económicos, sociales y culturales (DESC), que también son derechos humanos. Incluyen:
- Derecho a la alimentación. Todas las personas tienen derecho a acceder a una alimentación saludable, pero alrededor de 795 millones de personas en el mundo no tienen suficientes alimentos para llevar una vida sana y activa (casi una de cada nueve personas en la tierra), según datos del Programa Mundial de Alimentos.
- Derecho a la educación. Sean de la etnia, religión o nacionalidad que sean, los y las menores tienen derecho a la educación. Sin embargo, 124 millones de niños y niñas en todo el mundo no van a la escuela, según datos de UNICEF.
- Derecho a la salud. Todos y todas tenemos derecho a vivir en un medio ambiente saludable y a recibir atención médica.
- Derecho a la vivienda. La vivienda debería ser accesible a todas las personas que, además, deberían tener cierta seguridad de tenencia que las proteja de desalojos forzados, hostigamiento y otras amenazas. En España, cientos de miles de personas han perdido o están en riesgo de perder su vivienda como consecuencia de los desalojos hipotecarios.
- Derecho a la cultura y la ciencia. Acceder a bibliotecas, museos, teatros, cines o estadios son solo algunos ejemplos de derecho a la cultura. También se incluye el derecho a disfrutar de los beneficios de los avances científicos.
- Derecho humano al trabajo y al descanso. Toda persona tiene derecho al trabajo, así como a su libre elección. También se tiene derecho a la misma remuneración por un mismo trabajo realizado. Además toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute de tiempo libre y a una limitación razonable de las jornadas de trabajo. "Es difícil trabajar porque el objetivo es horrendo [...] Me duelen los pies, me duelen las manos y me duele la espalda después de hacer el trabajo", contó un trabajador de una plantación de aceite de palma a Amnistía Internacional. La organización publicó un informe denunciando los abusos.
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